7 de julio de 2011

El mundo de las ideas

Os contaré una cosa. Hay un momento en el que todo artista siente un cosquilleo desde el ombligo hasta el cerebro y de éste de nuevo al estómago. Seguramente cualquier persona ha sentido ese cosquilleo en un momento u otro de su vida, artística o no, pero sin duda hay un momento en el que el artista lo experimenta muy certeramente. Acaba de parir una idea.
Una idea fascinante o absurda, magnífica, desastrosa o dudosamente buena, pero en cualquier caso es el principio de algo. Tiene que serlo. Sonríe ante el boli y el papel, ante una pantalla o su mesa repleta de dios sabe qué, pero sonríe porque del medio millón de ideas que pueblan nuestras cabezas a diario ha dado con una que le conmueve y le fascina.
Ahora mismo estoy trabajando en una serie de piezas que me conmueven y me fascinan. Son sólo el principio de algo. De momento, no son nada, y a la vez son todo.
Claro que llega un momento en que las ideas abandonan el (maravilloso) mundo de las ideas y se materializan en diferentes formas y, para entonces, estaré encantada de enseñaros en qué ha quedado este principio, esta fascinante, absurda o genial idea que acabo de parir.

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